domingo, 6 de agosto de 2017

"LA CENSURA"



La sororidad será siempre la mejor arma para luchar contra la opresión del sistema patriarcal, capitalista y colonial. Esto lo saben nuestras compañeras del colectivo Mujeres Creando, autoras del mural "Milagroso Altar Blasfemo", que se exponía esta semana en el Centro Cultural Metropolitano de Quito y, que ahora, como consecuencia de la injerencia del clero y del estado, ha sido censurado.
Es por esta censura que hoy nos manifestamos. A continuación enumeramos algunas razones por las que consideramos reprochable que tanto la institución eclesiástica, como la institución estatal, a través del Municipio de Quito, hayan decidido eliminar el mural:

Durante años, la iglesia católica-apostólica-romana tuvo una fuerte presencia en el Estado. Ecuador nacía como República al tiempo que la iglesia se posicionaba como una de las instituciones más poderosas; esto suscitó que lograra consolidar una hegemonía ideológica potente cuya principal arma fue la censura. Así controló no sólo los cuerpos sino la conciencia de la población asegurando, al mismo tiempo, la estabilidad de un status quo erigido sobre los derechos de las grandes mayorías: mujeres, niños, pueblos y nacionalidades, todos pertenecientes a las clases más empobrecidas de la sociedad. Esta fue la principal causa por la cual, todos los grupos políticos de la época, indistintamente de su orientación socialista o liberal, hayan apuntado por conseguir la laicidad del Estado. Por este motivo, resulta inadmisible que aún hoy, se cedan espacios dentro del debate político para que la iglesia vuelva a posicionar sus intereses.


Hay que puntualizar esto. Dentro del feminismo se considera que "La Intimidad es Política" como bien llevaba por nombre la muestra del MET. Hoy nuestra reivindicación no busca atentar contra las creencias y espiritualidades de la población católica, es un debate político en el que se interpela a una cúpula religiosa que persigue unos intereses que nada tienen que ver con el ejercicio pleno de la religión o credo (misma que garantiza el Estado laico) sino con la vulneración de derechos - como se anotó antes - más básicos. Uno de esos derechos es la libertad de expresión. El control de la opinión pública por parte de la iglesia y el Estado contravienen el espíritu democrático que debería imperar en la sociedad. Este derecho es básico para poder participar e incidir dentro de las decisiones que nos atañen a todos y todas, pero, si se nos coarta la posibilidad de difundir y recibir información e ideas ¿cómo lograremos consolidar una ciudadanía plena? ¿cómo lograremos constituir la sociedad justa y equitativa, que es bandera de nuestra lucha, para todas y todos?

Esto nos lleva al tercer punto. En tanto, somos seres humanos, conscientes de las desigualdades existentes en nuestra sociedad, cuestionar el orden que garantiza esa desigualdad no sólo es un derecho sino nuestro deber. Este compromiso social por un cambio en pro de la igualdad real, y no sólo material, de todos y todas junto con la libertad de crear obras que cuestionen lo establecido son dos pilares básicos en democracia. El "Milagroso Altar Blasfemo" es una obra que no sólo evidencia esa desigualdad sino que reivindica el derecho negado a elegir sobre nuestros cuerpos, el derecho a una vida libre de violencias, el derecho a una vida digna. Derechos que son coartados todos los días a miles de mujeres por una estructura feroz que multiplica la violencia a medida que el sistema patriarcal, capitalista y colonial lo exige.




Rechazamos que se nos silencie o nos castiguen sólo por el hecho de ser mujeres, cuya mirada femenina cuestiona la masculinidad hegemónica dentro de la sociedad eclesiástica como en la sociedad misma.

Denunciamos todo mecanismos de censura que limiten la posibilidad de expresarnos.
Por estas razones, que se hacen carne en cada uno de los cuerpos que el capital exprime y excluye, le exigimos al Alcalde de Quito, Mauricio Rodas, al Centro Cultural Metropolitano de Quito (MET), y a los concejales y concejalas del Distrito Metropolitano:

Que se revoque la decisión de eliminar el mural, garantizando así nuestra libertad de expresión. Aunque se alegan motivos de salvaguarda patrimonial, es claro el vínculo entre la decisión de borrar la obra y las presiones de la cúpula de la iglesia y sectores conservadores.
Que se garantice el uso del espacio público para la libre expresión artística, en el marco de una sociedad democrática, plural y laica.

Que se respalde la gestión valiente de la Directora del Centro Cultural Metropolitano. Rechazamos las presiones de concejales que actúan desde la fe religiosa y presionan para su destitución.

COLECTIVO MUJERES CREANDO 

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